Translated by Anais Ribas

 

Durante una década, he sido la típica gestora de proyectos: muy trabajadora, centrada, orientada al cliente e increíblemente entregada a mi trabajo.

Me encantaba mi trabajo (y me sigue gustando), por lo que podía pasarme horas respondiendo a correos, buscando soluciones, haciendo llamadas o solucionando errores... y solo salía de vez en cuando a la superficie para coger un poco de aire, como un buzo.

Si un traductor se retrasaba, si a un revisor se le escapaba una falta o si la maquetación salía mal, me sentía responsable. Si por un archivo mal preparado o un malentendido el proyecto se iba al garete, también era mi culpa.

 

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Sí, el desastroso proyecto de traducción del manuscrito de Voynich me sigue atormentando.

 

Con el deseo de crear valor para la empresa y atender a mis clientes como merecían, me esforzaba cada vez más y empecé a comprobarlo todo tres veces. No salía de la oficina sin asegurarme de que había controlado hasta el más mínimo detalle.

Y es que mi máximo objetivo era comenzar la mañana siguiente sin asuntos pendientes, con la bandeja de entrada (y la cabeza) despejada. Pero claro, cada día salía más tarde de trabajar...

Me convertí en un Sísifo del siglo XXI: cada mañana, empujaba mi carga de trabajo hasta la cima de la montaña deseando que, una vez que absolutamente todo quedara hecho por la noche, pudiera regodearme en la satisfacción de mi cliente.

Me perdí entre la masa de proyectos hasta que un compañero me dijo: «No eres neurocirujana, ¿sabes?».

¿Qué quería decir con eso? ¿Debería sentirme ofendida? ¿Acaso no tenía valor mi trabajo? ¿Era el Doctor Macizo de turno mejor que cualquier gestor de proyectos?

 

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Hmm... parece que ha habido un pequeño error... ¿el colágeno era para los labios [lips] y la liposucción para las caderas [hips]?

La prueba de que el Doctor Macizo tendría que haber contratado a un revisor.

 

¡Por supuesto que no! Pero mi compañero tenía razón: ninguna vida está (inmediatamente) en juego en el mundo de la traducción. Después de cierta hora, todos los correos, proyectos e informes pueden esperar. Y se lidia con ellos mucho mejor después de tomar unas cañas con los amigos o de una noche de sueño reparador.

¿Cómo podía recuperar el equilibrio en mi vida? Busqué inspiración a mi alrededor y decidí preguntar a mis compañeros más exitosos (sí, ya sabes a los que me refiero: siempre radiantes, irreprochables en su trabajo, capaces de sacar tiempo hasta para ir a ballet, criar ponis alados y dar clases de Scrabble multilingüe). Os resumo sus consejos:

 

Conduce como un campeón de Fórmula 1

Piensa rápido, encuentra soluciones en el momento y adáptate a los baches que encuentres por el camino. ¿El perro del traductor se ha comido la traducción? ¡Tranquila, por algún lado tendrá que salir!

Piensa como un yogui

Abre la mente, sé consciente de que todo puede pasar y mantén la calma. Gestionar proyectos es como una caja de bombones: nunca sabes si te va a tocar el que lleva licor, ¡así que no trates de controlarlo todo!

Habla como Obama

Sigue el ejemplo del mejor orador del mundo: escucha, sé sincero y ríete también un poquito de ti mismo para que no se te suba a la cabeza... En palabras de Obama: «Si tuviera que nombrar mi principal punto fuerte, supongo que sería la humildad. ¿Mi principal punto débil? Puede que sea demasiado perfecto».

Experimenta como si fueras un niño 

Diviértete y empieza de cero todas las veces que sea necesario para dar con el enfoque adecuado. ¿No puedes utilizar estos archivos con tu herramienta TAO favorita? A lo mejor merece la pena probar esta otra...

Trabaja como un jugador de fútbol

Formas parte de un equipo, lo que quiere decir que puedes compartir la carga de trabajo, pasar la pelota y ayudar a tus compañeros. De esta manera, seguro que marcarás y te sentirás apoyado por las sinergias del grupo.

No aspires a ser Shiva…

Es un hecho: solo tienes un cerebro y dos brazos, pero sigues empeñándote en encarnar a Shiva... Vale que te hayan dicho que un buen gestor de proyectos tiene que ser el rey del multitasking, pero seguro que eres más eficiente si terminas las tareas de una en una y evitas las interrupciones.

...ni te conviertas en tu principal crítico

Lo último, pero no menos importante: no te machaques. ¡Hazlo lo mejor que puedas, trabaja duro y no te olvides de vivir! Puede que sea difícil a veces, pero, realmente, es una cuestión de elección. ¡Sal, practica algún deporte, conoce gente y disfruta de estar vivo! Todas estas experiencias positivas te permitirán desconectar y mejorar tus competencias de gestor sin darte cuenta.